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Samaná: entre el brillo de su historia y la deuda de convertir ese potencial en resultados

mayo 18, 2026 · Redacción
Samaná: entre el brillo de su historia y la deuda de convertir ese potencial en resultados
Foto: hoy.com.do

La península ha sido admirada y apetecida por sus bahías, fertilidad y riquezas naturales, un contraste que reabre la discusión sobre cuánto se ha aprovechado realmente ese valor.

Samaná ha sido descrita durante generaciones como un territorio excepcional: admirada, minuciosamente investigada, visitada y apetecida desde los tiempos en que era prácticamente una isla separada del resto del territorio por un canal ya desaparecido. En versos de Manuel Rodríguez Objío aparece como “nuestra viña”, un “bien supremo o grave mal”, una definición que resume tanto su atractivo como la disputa histórica en torno a su valor.

La península fue poblada por piratas ingleses y aventureros franceses “con pretensiones de dominio”; también la ansiaban alemanes y norteamericanos, mientras fue habitada por españoles, haitianos y negros estadounidenses que llegaron para plantación de víveres. Esa mezcla marcó su identidad. Manuel de Jesús Troncoso la definió como “un pueblo exótico”, y distintos autores registraron la singularidad de su habla, de sus apellidos y de su composición social, rasgos que la convirtieron en uno de los espacios más estudiados del país.

Pero el recuento histórico también deja expuesto un contraste persistente: no solo atraían sus playas y espléndidas bahías, sino también su fertilidad y riquezas naturales. Ya en 1865 tenía un ferrocarril que iba “al corazón del Cibao”, según refiere Gabino Alfredo Morales. La suma de esas condiciones confirma que Samaná ha sido vista durante décadas como un enclave estratégico, lo que vuelve inevitable la pregunta sobre cuánto de ese potencial ha sido traducido en desarrollo sostenido y cuánto sigue reducido al relato de su excepcionalidad.