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Los cacerolazos amplían la presión sobre el Gobierno por la ‘Ley Mordaza’, la reforma fiscal y el costo de la vida

julio 14, 2026 · Redactor
Los cacerolazos amplían la presión sobre el Gobierno por la ‘Ley Mordaza’, la reforma fiscal y el costo de la vida
Foto: acento.com.do

Las protestas en varios sectores del Gran Santo Domingo vuelven a poner bajo la lupa al Gobierno dominicano: el rechazo a la denominada “Ley Mordaza”, a la reforma fiscal, a la violencia policial y al alto costo de la vida ya expresa un malestar que dejó de parecer aislado.

Los cacerolazos que se han dejado sentir otra vez en distintos puntos del Gran Santo Domingo vuelven a colocar al Gobierno dominicano bajo escrutinio. El rechazo a la denominada “Ley Mordaza”, a la reforma fiscal, a la violencia policial y al alto costo de la vida dibuja un malestar que ya no luce como un episodio aislado ni como simple ruido de coyuntura.

La protesta pacífica, reportada por tercer día seguido en zonas como La Esperilla, Las Praderas, Piantini, Los Álamos, Villa Aura, Manganagua, Bella Vista, El Millón, Jardines del Arroyo, El Vergel, Mirador Sur, Naco, Quisqueya, Los Corales, El Libertador de Herrera y La Julia, deja además una señal políticamente sensible: el descontento aparece en espacios asociados a sectores medios, precisamente donde el poder suele medir respaldo, estabilidad y gobernabilidad.

El texto original ubica este fenómeno dentro de una transformación más amplia de los conflictos sociales en República Dominicana. Si en la etapa posterior a la dictadura de Trujillo y durante el predominio industrial la clase obrera ocupó un lugar central en las luchas sociales, y luego en los años ochenta y noventa ese protagonismo pasó a los barrios y a organizaciones territoriales, los cacerolazos actuales muestran otro desplazamiento del malestar social. Ese cambio no es menor: sugiere que la inconformidad se reconfigura y alcanza nuevos actores, empujada por problemas concretos que golpean la vida cotidiana.

La mención a la rebelión de abril de 1984, originada en Capotillo, y a estructuras como el Colectivo de Organizaciones Populares, el Frente Amplio de Lucha Popular (FALPO), el Consejo de Unidad Popular y los comités de lucha popular, funciona en esta lectura como una advertencia institucional. Cuando el costo social se combina con medidas percibidas como restrictivas y con denuncias sobre violencia policial, la respuesta no puede ser propaganda ni administración del relato, sino rendición de cuentas frente a una ciudadanía que vuelve a ocupar la calle, aunque sea desde sus balcones.

Así, los cacerolazos dejan de ser solo una forma de protesta y pasan a operar como termómetro del desgaste de gestión: revelan la distancia entre el discurso de control y la realidad de un país donde la presión económica y la desconfianza frente al poder siguen encontrando nuevas formas de acción colectiva.