La petición de prisión preventiva contra Franklin José Almánzar Escarramán y William Radhamés Almánzar Escarramán por un caso de presunta mala práctica médica en La Vega vuelve a poner sobre la mesa una realidad que golpea de frente a los pacientes: cuando la supervisión llega después del daño, la carga social ya recae sobre la víctima.
La Fiscalía de La Vega informó que presentará en las próximas horas la medida de coerción ante el tribunal competente, con base en un expediente que atribuye a ambos imputados lesiones permanentes sufridas por una mujer tras un procedimiento odontológico realizado en un consultorio del Centro Médico V Centenario. La procuradora fiscal Aura Luz García Martínez indicó que el Ministerio Público actuará garantizando el debido proceso y los derechos de los imputados.
De acuerdo con la investigación, el hecho ocurrió el 17 de enero, cuando la paciente acudió al consultorio para la extracción de cuatro terceros molares, procedimiento que sería cubierto por su seguro médico. El expediente señala que, luego de evaluarla, Franklin José Almánzar Escarramán inició la intervención y, tras aplicar anestesia, le dijo que debía cortar el hueso porque supuestamente sus dientes eran de titanio.
Según el Ministerio Público, después de unas cuatro horas sin concluir la extracción de las piezas dentales, el imputado intentó retirar uno de los cordales superiores. En medio del proceso, la paciente manifestó sentir un dolor intenso y se le comunicó que sería necesario administrarle anestesia general para continuar.
El caso no terminó en el consultorio y derivó en una cadena de consecuencias que refuerza la alerta institucional sobre la protección efectiva del usuario de servicios de salud. La mujer siguió con fuertes dolores e inflamación facial y buscó atención con otros especialistas, quienes determinaron daños importantes en su salud bucal como consecuencia del procedimiento practicado.
Una certificación médica incorporada al expediente establece que la paciente sufrió lesiones permanentes, entre ellas dolor microfacial, edema facial moderado, nervios atrofiados, herida desgarrada, trismo y parestesia. Más allá del proceso judicial en curso, el caso deja abierta una pregunta de fondo sobre la capacidad de respuesta y fiscalización antes de que una intervención termine en secuelas irreversibles para un ciudadano que acudió a recibir atención médica.
