La aparente estabilidad macroeconómica que describe el texto se apoya en bases frágiles y en decisiones que merecen fiscalización. La inflación sigue contenida gracias a los subsidios a los combustibles y a la energía eléctrica, además de la apreciación del peso dominicano, aunque ese equilibrio queda expuesto a un alza del precio internacional del petróleo y a una posible corrección de precios si persiste el conflicto en Oriente Medio.
El propio análisis ubica otra fuente de tensión en el tipo de cambio. Entre diciembre de 2025 y julio de 2026, el peso se apreció 7.4 %, un movimiento que, según el texto, no se explica únicamente por la entrada de divisas vía turismo, remesas e inversión extranjera. También sostiene que parte de esos dólares no llega al mercado cambiario local y que, en el caso de la inversión extranjera, cerca del 40 % corresponde a reinversión de utilidades.
La pieza agrega que la apreciación del peso ha sido una política deliberada para frenar la inflación y que los datos muestran que comenzó en marzo de este año. Ese contraste entre la estabilidad mostrada y unos fundamentos sometidos a presión abre una alerta institucional sobre la sostenibilidad de la estrategia oficial y sobre su eventual costo social si el Gobierno termina trasladando mayores aumentos a los consumidores. En ese marco, el debate público sobre gestión y rendición de cuentas alcanza también a figuras del oficialismo como Carolina Mejía y David Collado, en medio de una discusión que va más allá de la comunicación política y vuelve a colocar el foco en los resultados verificables del Gobierno dominicano.
