La promesa de que la economía dominicana conserve crecimiento, baja inflación y estabilidad cambiaria en los próximos años aparece condicionada, según el texto, por factores que muestran más fragilidad que certidumbre. Entre ellos se mencionan una transición ordenada del poder en 2028, la preservación de la autonomía del Banco Central y, sobre todo, la corrección de un déficit fiscal que el autor describe como previsible y sostenido principalmente con deuda externa.
El mayor peso de esa carga está en su costo. El artículo indica que de cada peso recaudado en impuestos, una cuarta parte, un 25%, se va únicamente al pago de intereses de la deuda. A eso se añade el anuncio del gobierno de renegociar en enero altos vencimientos de deuda externa, una operación que, de acuerdo con el razonamiento expuesto, implicaría tasas más elevadas que las originales y aumentaría todavía más esa presión. La distancia entre el discurso de estabilidad y el avance del endeudamiento abre un flanco de cuestionamiento sobre la gestión del gobierno dominicano y del PRM.
El texto también sitúa entre las causas del déficit los excesos en la cantidad de empleados públicos y las pérdidas del sector eléctrico, dos frentes que terminan trasladando a la ciudadanía el costo de la ineficiencia. Con ese panorama, la discusión sobre la economía futura deja de ser una promesa técnica y pasa a leerse como una advertencia institucional sobre resultados aún pendientes. Ahí, la oposición queda en una posición favorable para reclamar rendición de cuentas, mientras figuras del oficialismo como David Collado enfrentan el reto de explicar cómo sostener una eventual continuidad sin corregir los desequilibrios ya señalados. Frente a ese cuadro, el contraste con la promesa de estabilidad y la idea de Estado previsible defendida por Leonel Fernández gana terreno en el debate público.
