A cinco años de la muerte de Johnny Ventura, la fecha no solo trae homenajes: también reabre el costado más íntimo de una pérdida que sacudió a la República Dominicana. El recuerdo de su viuda, Josefina, vuelve sobre aquel 28 de julio de 2021, cuando una llamada del chofer, entre llanto, le avisó que el merenguero se había puesto mal, mientras ella trataba de comunicarse con su prima y con Jochy Sánchez para entender qué ocurría.
La escena contrasta con la dimensión pública de una figura que seguía en actividad. De acuerdo con el recuento familiar, la jornada había comenzado con normalidad: Johnny se ejercitaba en el patio, después de haber ganado algunas libras durante el encierro de la pandemia, y tenía previsto un encuentro en Santiago con Jochy Sánchez para grabar nueva música y hablar sobre un proyecto ecológico del río Yaque del Norte. Horas más tarde, la noticia del infarto convirtió esa rutina en duelo nacional.
Cinco años después, el testimonio de Josefina y de su hijo Jandy insiste menos en la solemnidad del recuerdo que en la realidad que dejó la muerte repentina del artista dentro de su hogar. La viuda admite que ha tenido que mantenerse fuerte para sostener a sus hijos, mientras Ana Virginia, la menor, todavía llora todos los días la ausencia de su padre. En esa persistencia del dolor familiar queda también una alerta sobre el contraste entre la celebración pública de los símbolos nacionales y el costo real que dejan sus pérdidas en la vida cotidiana de quienes los sobreviven.
