La muerte de Marky Abraham García Gil, alias «Maiky», durante una persecución policial en el sector El Hatico, provincia La Vega, volvió a colocar bajo presión la reforma de la Policía Nacional. El hecho, registrado el sábado 13 de junio, generó cuestionamientos después de que versiones difundidas indicaran que el joven habría levantado las manos en señal de rendición antes de ser abatido y que luego su cuerpo fue retirado del lugar y arrastrado por un callejón.
Ante esas denuncias, la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, afirmó que el Gobierno apuesta a que los agentes cumplan con los debidos procesos establecidos en los protocolos. También explicó que, cuando ocurre un caso que «sale de contexto», actúan de inmediato los organismos de inspectoría y asuntos internos, al tiempo que la Policía Nacional realiza su investigación interna y el Ministerio Público lleva adelante las pesquisas en el ámbito de su competencia.
La funcionaria reiteró que la transformación policial debe sustentarse en los derechos humanos y aseguró que no se busca garantizar impunidad, sino transparencia. No obstante, el episodio vuelve a exponer la demanda de rendición de cuentas sobre una reforma que sigue siendo evaluada a la luz de denuncias graves y de la exigencia ciudadana de una Policía realmente cercana, capaz de servir y proteger sin apartarse del debido proceso.
