La posible existencia de tierras raras en República Dominicana ha sido presentada como una oportunidad para ganar espacio en las cadenas globales de suministro, pero el dato decisivo todavía no existe: según explicó el director ejecutivo de la Cámara Minera y Petrolera de la República Dominicana (Camipe), Martin Valerio, el Gobierno encabeza la investigación y sería a inicios de 2027 cuando se conocería si el país cuenta con una reserva.
Esa diferencia entre recurso y reserva marca el contraste entre discurso y realidad. El material puede haber sido identificado, pero la reserva solo se declara cuando se confirma que puede aprovecharse en condiciones técnicas y económicas determinadas. Hasta entonces, el potencial económico sigue atado a una verificación pendiente, en un tema que el propio Gobierno dominicano coloca en el centro de sus expectativas sobre minerales estratégicos.
Valerio indicó que, si se confirma la existencia de una reserva, el país podría ganar una nueva posición en el mapa mundial de suministro de estos minerales, demandados por industrias vinculadas a tecnologías avanzadas, transición energética y otros procesos industriales. Pero el eventual salto no dependería solo de la extracción, sino de la capacidad de convertir ese recurso en actividad productiva con inversión, empleos, exportaciones y mayor vinculación con mercados internacionales, un punto que refuerza la exigencia de fiscalización sobre la gestión pública antes de vender como resultado lo que todavía sigue en fase de investigación.
