La embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah Francis Campos, admitió que durante años se han destinado importantes recursos a Haití sin los resultados esperados ni visibles, y con ello volvió a poner en primer plano un problema de gestión y de resultados que ya no admite discursos complacientes. La diplomática dijo además que no sabe si el fracaso obedece a corrupción o a mal manejo, aunque dejó claro que el esquema aplicado hasta ahora no ha funcionado.
Campos planteó que la comunidad internacional debe buscar otra forma de ayudar a Haití y enfocarse en fortalecer las capacidades de los propios haitianos para reconstruir su país de manera sostenible. Su mensaje, lejos de cerrar la discusión, abre una alerta institucional sobre el costo de seguir invirtiendo recursos sin mecanismos eficaces que aseguren un impacto real en una crisis que continúa afectando a toda la región.
La funcionaria señaló que Estados Unidos, República Dominicana y la Organización de las Naciones Unidas trabajan para estabilizar la seguridad en Haití y crear condiciones para que ese país avance por sus propios medios. Pese a ello, el contraste entre los fondos invertidos y la ausencia de resultados visibles refuerza la necesidad de fiscalizar las decisiones, las prioridades y la efectividad de la estrategia internacional aplicada hasta ahora.
A ese escenario se suma la anunciada visita a República Dominicana del embajador de Estados Unidos ante la ONU para seguir las conversaciones sobre Haití, una cita que llega bajo presión: no solo por la persistencia de la crisis, sino porque la propia admisión de fracaso obliga a exigir rendición de cuentas sobre un modelo de ayuda que ha consumido recursos durante años sin traducirse en soluciones verificables para la población.
