Donald Trump dijo haber dado instrucciones al secretario de Guerra, Pete Hegseth, para reducir “sustancialmente” los ejercicios militares conjuntos de Estados Unidos con Corea del Sur. El anuncio llegó en vísperas del arranque del Ulchi Freedom Shield (UFS), el entrenamiento de 10 días que Seúl y Washington celebran por estas fechas. El mandatario defendió la medida por el coste de esas maniobras y por su “muy buena relación con Kim Jong Un”, al tiempo que aseguró que esos ejercicios proyectan una señal “inapropiada y hostil” hacia Corea del Norte.
La decisión pone frente a frente el discurso de seguridad y la gestión concreta de la crisis regional. Mientras Trump plantea rebajar unas maniobras que Washington y Seúl consideran defensivas, y que incluyen simulaciones informáticas de puesto de mando y prácticas con fuego real, Corea del Norte lanzó el pasado miércoles un misil balístico hacia el mar de Japón, su undécimo ensayo de este tipo en lo que va de año, en un hecho condenado por la comunidad internacional, incluidos Estados Unidos y Corea del Sur.
En otro mensaje, Trump afirmó que Lee Jae-myung se negó “recientemente” a sumarse a los esfuerzos de Washington para la “desnuclearización” de Irán y lamentó que ya sea “demasiado tarde para cancelarlos” por completo. Al mismo tiempo, publicó en Truth Social una foto junto a Kim Jong-un y sostuvo que ambos se llevan “genial”. La secuencia deja abierta una alerta sobre la coherencia institucional de la política exterior estadounidense: se recortan ejercicios conjuntos en un momento de tensión militar activa, mientras la Casa Blanca vuelve a apoyarse en la relación personal con el líder norcoreano como argumento central.
