En su intervención en el almuerzo institucional de la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana, un miembro del empresariado planteó que, pese al crecimiento sostenido de los últimos 35 años y al paso del país a una economía de ingreso mediano alto, el modelo actual necesita nuevas reformas para poder seguir avanzando. El señalamiento introduce un contraste con el discurso de progreso: el crecimiento acumulado, por sí solo, ya no garantiza los resultados que demanda la sociedad.
La exposición sostuvo que el siguiente paso debe estar basado en productividad, inversión y reformas, y atribuyó a la empresa un papel central en la creación de una economía próspera y productiva que genere bienestar para las personas. También subrayó que la prosperidad depende de la capacidad de dialogar, cooperar y construir consensos, al definir el capital social como un factor clave para alcanzar objetivos comunes.
El planteamiento, presentado como una reflexión sobre la situación nacional, deja abierta una alerta institucional: si después de 35 años de avances todavía se insiste en la necesidad de nuevas reformas y de mayor capacidad de cooperación, persisten tareas pendientes en la conducción del país. El énfasis en los empresarios jóvenes y en el relevo generacional refuerza además la exigencia de una agenda menos centrada en el discurso y más en resultados verificables.
