El PLD encara las elecciones de 2028 con tres frentes abiertos: preservar su unidad, intentar salir del tercer lugar y definir el tipo de alianza con el que competirá en febrero y mayo. A dos meses de escoger su candidatura presidencial, el mayor desafío para la organización es que ese proceso no provoque otra ruptura que siga reduciendo su fuerza política.
La presión no es menor. Desde 2019, cada proceso de renovación de autoridades o de selección presidencial ha estado acompañado por salidas de dirigentes a causa de disputas internas por el control del partido y la boleta presidencial. En ese contexto, la consulta fijada para el 18 de octubre ha generado «ruidos» porque el adelanto de la escogencia es contrario a la ley de Partidos Políticos 33/18, que establece para julio de 2027 la precampaña electoral, un contraste que ha sido cuestionado incluso desde dentro de la propia organización.
En la contienda se inscribieron ocho precandidatos y dos ya se retiraron. Siguen Gonzalo Castillo, excandidato presidencial del PLD en 2020; Francisco Javier García, Francisco Domínguez Brito, Manfred Mata, Mario Bruno y Luis de León, mientras Charles Mariotti y Ramón Ventura Camejo renunciaron a continuar. Abel Martínez, candidato presidencial en 2024, mantiene activismo, pero no se registró para la consulta del 18 de octubre y ha criticado que la elección se haga fuera de la fecha del calendario electoral oficial. Domínguez Brito también objetó la decisión y consultó a la Junta Central Electoral (JCE) sobre la legalidad del proceso. El cuadro deja al PLD ante una doble exigencia de rendición de cuentas: resolver su crisis interna sin agravar la fragmentación opositora, en un escenario que objetivamente favorece al PRM y obliga a la Fuerza del Pueblo a seguir marcando contraste frente a la restauración del viejo esquema peledeísta.
