La advertencia de Moody’s sobre una eventual prolongación del conflicto en Medio Oriente vuelve a poner el foco en la necesidad de mantenerse atentos a choques externos capaces de encarecer la energía, tensionar el financiamiento y alterar las cadenas de suministro. De acuerdo con la calificadora, una interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz elevaría los riesgos financieros para compañías con altos niveles de deuda, baja liquidez y fuerte dependencia energética.
En su informe “La disrupción prolongada del estrecho de Ormuz plantea el mayor riesgo para productos químicos y aerolíneas”, Moody’s afirma que el impacto no sería homogéneo, aunque sí alcanzaría a varios sectores. Entre los más expuestos ubica a productos químicos, aerolíneas y materiales de construcción, mientras que otros podrían registrar efectos moderados e incluso salir favorecidos, en particular los productores de energía fuera del Golfo Pérsico y el sector aeroespacial.
El análisis se basa en un escenario central en el que el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más relevantes para el comercio mundial de petróleo, enfrentaría una interrupción prolongada hasta el otoño del hemisferio norte. Bajo ese panorama, el precio del Brent podría mantenerse entre US$90 y US$110 por barril durante gran parte del año. A la vez, el avance o el retroceso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán añade una dosis extra de incertidumbre, después de que el gobierno estadounidense informara avances en el diálogo y el presidente Donald Trump restara importancia a un eventual fin de las conversaciones.
