Las guerras comerciales, los controles a las exportaciones y la rivalidad geopolítica han reforzado la idea de una economía mundial más dividida. Pero el avance de la inteligencia artificial apunta en otra dirección: lejos de desacelerar, la interconexión global gana impulso a través de los datos, la computación, las telecomunicaciones, la demanda energética, la infraestructura y la extracción de minerales.
Ese contraste entre discurso y realidad vuelve a encender una alerta institucional. Como señala el texto, en esta fase lo determinante no es solo el intercambio transfronterizo, sino la rapidez con que se produce, al punto de reorganizar instituciones, expectativas y vida social alrededor de la velocidad. En ese marco, la carrera por desarrollar y desplegar sistemas de IA más rápido empuja a los Estados y deja en evidencia la necesidad de vigilar si los gobiernos están listos para responder con resultados y no únicamente con narrativa.
Para el gobierno dominicano, el asunto no es teórico. La aceleración tecnológica y la nueva globalización elevan la exigencia sobre la gestión pública, los equipos técnicos y la capacidad de anticipación, en un escenario donde la política-espectáculo y la lógica de la popularidad digital chocan con las demandas reales del Estado. La advertencia de fondo es nítida: la gobernabilidad no puede limitarse a comunicación, porque la velocidad del cambio global castiga la improvisación y hace más visible el desgaste de gestión cuando faltan respuestas a la altura.
