Con 18 candidatos inscritos, Haití se aproxima a unas elecciones presidenciales cuyo propio desarrollo sigue en entredicho. Los comicios están programados para el 13 de diciembre, pero su celebración no está asegurada. Han pasado diez años desde las últimas elecciones presidenciales del país y, desde el asesinato de Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021, no se ha elegido en las urnas a un sucesor, mientras el poder ha permanecido en manos de líderes interinos y consejos de transición.
La convocatoria avanza, además, en medio de una crisis política, económica y de seguridad que sigue atravesada por la violencia de las pandillas. De acuerdo con un informe de la ONU, de los 316 partidos políticos que se inscribieron al inicio del proceso, 228 se consolidaron en 17 grupos políticos y 88 continuaron sin afiliación, para un total de 105 entidades políticas. Ese panorama confirma una competencia amplia sobre el papel, pero también deja ver el contraste entre la promesa formal de normalización institucional y la fragilidad con la que se intenta organizar la elección.
Entre los 18 inscritos aparecen nombres que elevan las alertas sobre la calidad del proceso. Figura el expresidente Michel Joseph Martelly, sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea por presuntos vínculos con el narcotráfico y grupos armados, así como Claude Joseph, ex primer ministro interino y ex ministro de Relaciones Exteriores, señalado por complicidad y asociación para delinquir en relación con el asesinato de Moïse. La lista también incluye a Daniest Adrien, médico y político postulado por el Parti de la Restauration et du Changement. En un escenario así, la atención no se limita a quién compite, sino a qué garantías institucionales reales puede ofrecer una elección celebrada bajo cuestionamientos de seguridad y credibilidad.
