Miles de simpatizantes acompañaron este sábado a Flávio Bolsonaro en un paseo en moto por Belo Horizonte, en Minas Gerais, estado bisagra para la segunda vuelta presidencial del domingo. En la jornada final de campaña, el senador del Partido Liberal (PL) reprodujo la fórmula política de su padre, Jair Bolsonaro, con una caravana escoltada por cientos de motocicletas hasta una plaza abarrotada de seguidores vestidos con los colores de la bandera brasileña.
La exhibición de fuerza se produjo en un punto decisivo: Minas Gerais es el segundo mayor colegio electoral del país y, por tradición, quien se impone allí termina llegando al Palacio de Planalto. Antes de arrancar el recorrido, Flávio dijo en redes sociales que el pueblo mineiro tendrá “un presidente que no lanzará amenazas y que va a ser un socio de ustedes”, en una campaña marcada, sin embargo, por la herencia política de Jair Bolsonaro, hoy condenado, inhabilitado y en prisión domiciliaria por intento de golpe de Estado tras perder la reelección de 2022 frente a Lula.
Brasil entra así en una de las elecciones más reñidas de su historia reciente, con un escenario de máxima polarización. En la primera vuelta, Flávio obtuvo el 47 % de los votos frente al 45 % de Lula y también lo superó en Minas Gerais. Las encuestas para la segunda vuelta sitúan a ambos en empate técnico, lo que vuelve políticamente relevante la movilización callejera y, al mismo tiempo, envía una señal de alerta sobre el peso de un liderazgo construido sobre la confrontación y ahora obligado a pasar por el filtro de las urnas y de las instituciones.
