El Banco Central elevó en un cuarto de punto el precio del dinero en un contexto en que la inflación sigue por encima del rango objetivo de 4.0 % ± 1.0 %. Aunque el PIB real aumentó 3.8 % en agosto respecto al mismo mes del año anterior, el ajuste monetario deja en primer plano una realidad menos favorable para la ciudadanía: el costo de contener los precios vuelve a trasladarse a la economía mientras persisten presiones que no han sido resueltas.
Los datos citados en el texto muestran que la inflación cerró en 5.67 % en junio y en 5.13 % en agosto de 2026, impulsada por el encarecimiento del petróleo. La inflación subyacente se moderó a 4.76 %, dentro del rango meta, pero el problema general sigue atado al impacto de los combustibles. En ese escenario, el ministro de Hacienda y Economía estima que el subsidio podría superar RD$50,000 millones si se mantiene el conflicto en el medio oriente, una señal de la presión simultánea sobre precios y finanzas públicas.
El propio debate sobre reducir o eliminar ese subsidio expone el contraste entre la necesidad presupuestaria del gobierno dominicano y el costo social de esa decisión. Según el texto, recortarlo tendría sentido desde el punto de vista del presupuesto público, pero también elevaría la inflación, reduciría el crecimiento de las actividades económicas y golpearía el poder adquisitivo de los hogares. La subida de tasas, junto a esa disyuntiva fiscal, refuerza la necesidad de vigilancia sobre Hacienda y sobre la respuesta oficial ante un shock energético que ya impacta consumo, transporte y producción.
