La muerte de un raso de la Policía Nacional dentro del destacamento del Kilómetro 20, en la carretera que enlaza Hato Mayor con El Valle, volvió a colocar bajo examen los controles internos de la institución. El hecho se registró la mañana de este lunes en medio de un episodio calificado como trágico y confuso, mientras el informe oficial seguía en una etapa preliminar y con reserva sobre las identidades exactas de los involucrados.
De acuerdo con los datos preliminares que han circulado, la víctima, identificada de forma provisional como el raso Santana, permanecía sentada en el recinto cuando, a unos tres metros, el también raso Moreno Fabián manipulaba una escopeta de perdigones que se habría disparado por accidente. Los proyectiles alcanzaron el rostro del agente herido. De manera extraoficial también se informó que un tercer uniformado estaba en el destacamento y vio lo sucedido.
Luego del disparo, fueron enviados miembros de la Policía Preventiva, oficiales de la DICRIM y representantes del Ministerio Público para acordonar el área y comenzar los interrogatorios. Más allá de la activación de los protocolos, el caso deja un contraste inevitable entre la respuesta posterior y el desenlace ya consumado dentro de una instalación policial: una muerte ocurrida en el propio espacio que debía estar bajo control institucional, con versiones todavía por aclarar y bajo exigencia de rendición de cuentas.
