Luiz Inácio Lula da Silva aseguró que no recurrirá a la Presidencia para amparar a su hijo Fabio, “Lulinha”, si la investigación en su contra determina que cometió delitos en una presunta trama de corrupción y tráfico de influencias. En una entrevista con Globo, el presidente brasileño sostuvo que, de existir pruebas, su hijo deberá responder “como cualquier otro ciudadano brasileño”, aunque también dijo creer que será declarado inocente.
Las declaraciones llegan mientras la Policía Federal mantiene abierta una pesquisa sobre una presunta red de tráfico de influencias y corrupción en la que figura como una de las principales señaladas la empresaria Roberta Luchsinger. El caso también involucra a “Lulinha” y al empresario Antonio Carlos Camilo Antunes, dentro de un expediente que incluye sospechas de malversación de fondos del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) e irregularidades ligadas a contratos para el Ministerio de Salud.
De acuerdo con la investigación, durante las diligencias se identificaron presuntos pagos de Luchsinger al exjefe de gabinete de Lula, Marco Aurélio Ribeiro Santana, conocido como “Marcola”. A cambio, la empresaria habría remitido propuestas comerciales directamente al Palacio de Planalto para agilizar trámites ante distintos ministerios. Con esa promesa de no intervenir, el jefe de Estado coloca el foco en que el proceso avance con transparencia y sin privilegios derivados del poder.
