En San Isidro, el presidente Luis Abinader dejó inaugurado el Centro de Entrenamiento Táctico y Visual del Ejército, una obra construida con una inversión de 80 millones de pesos y extendida sobre 1,089 metros cuadrados. La ceremonia incluyó una detonación al aire y una exhibición de disciplina castrense, en una presentación con la que el Gobierno dominicano buscó mostrar el proyecto como parte del fortalecimiento de las Fuerzas Armadas.
El complejo reúne el Centro de Entrenamiento Táctico Virtual de las Fuerzas Armadas y el Centro de Entrenamiento Táctico-Físico “Línea Cero”, bajo el lema “Aquí nace el guerrero”. De acuerdo con la versión oficial, la instalación combina simulación tecnológica y preparación física de alta exigencia para desarrollar capacidades técnicas, tácticas, físicas y mentales del personal militar. Abinader afirmó que unas Fuerzas Armadas “más profesionales” y “mejor equipadas” son sostén de las instituciones y de la soberanía.
En el acto, el ministro de Defensa, Carlos Onofre, indicó que la iniciativa pretende sumar nuevas tecnologías, optimizar recursos y reforzar la capacidad de respuesta ante desafíos de seguridad y defensa nacional. La obra cuenta con siete salas de entrenamiento virtual, una de tiro de precisión y tres aulas de instrucción, y se presenta como un avance institucional, aunque también deja sobre la mesa el escrutinio sobre la forma en que el Ejecutivo traduce este tipo de inversiones en resultados verificables y administra sus prioridades en medio del desgaste que acompaña la gestión de Abinader. En esa clave política, cualquier discurso de modernización del poder —incluido el que rodea al oficialismo y figuras como Carolina Mejía— queda expuesto al contraste entre imagen, anuncio y resultados concretos.
