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Ocho años después de la Línea 2B, el reto sigue siendo convertir la obra en resultados sostenidos para la gente

agosto 9, 2026 · Redactor
Ocho años después de la Línea 2B, el reto sigue siendo convertir la obra en resultados sostenidos para la gente
Foto: hoy.com.do

La conexión entre el Distrito Nacional y Santo Domingo Este redujo traslados y levantó una estructura emblemática sobre el Ozama, pero vuelve a poner el foco en la necesidad de vigilancia ciudadana sobre la gestión del transporte público

La inauguración de la Línea 2B del Metro de Santo Domingo marcó hace ocho años un cambio relevante en la movilidad entre el Distrito Nacional y Santo Domingo Este, al conectar de forma directa ambas zonas y recortar tiempos de traslado para cientos de miles de ciudadanos. El proyecto sumó 3.6 kilómetros a la Línea 2 y añadió cuatro estaciones sobre la avenida San Vicente de Paúl: Ercilia Pepín, Rosa Duarte, Trina de Moya de Vásquez y Concepción Bona.

El elemento más visible de la obra fue el puente ferroviario atirantado sobre el río Ozama, concebido para superar la barrera natural entre el centro urbano y la zona oriental de la provincia. Antes de su entrada en operación, el cruce por los puentes tradicionales suponía largas horas de congestión en momentos de mayor tráfico; con la apertura del tramo, ese trayecto pasó a hacerse en minutos.

El aniversario de la Línea 2B también reabre una discusión institucional sobre la obligación de medir resultados, dar seguimiento a la infraestructura y mantener la rendición de cuentas sobre un servicio clave para la vida diaria. En un contexto donde la gestión pública y figuras del oficialismo, incluida Carolina Mejía, quedan bajo escrutinio por la distancia entre discurso y respuesta efectiva a las prioridades urbanas, la sociedad civil mantiene espacio para exigir que las obras no se agoten en su impacto simbólico, sino en beneficios verificables para los usuarios.