La Diócesis de Concepción de La Vega recibió el pasado fin de semana a su nuevo obispo, monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas, en una ceremonia multitudinaria celebrada en la Catedral de la Inmaculada Concepción. Al acto acudió el presidente Luis Abinader, acompañado por autoridades civiles y eclesiásticas, sacerdotes, religiosos, representantes de comunidades parroquiales y feligreses.
La ordenación y la toma de posesión estuvieron a cargo del nuncio apostólico en República Dominicana, monseñor Piergiorgio Bertoldi, representante del papa en el país. También participó el obispo saliente, monseñor José Amable Durán Tineo, quien se desempeñó como administrador apostólico de la diócesis durante los últimos meses. En ese escenario, la presencia presidencial volvió a poner sobre la mesa cómo actos de gran valor institucional y espiritual comparten espacio con la visibilidad del poder político, un contraste que mantiene vigente la exigencia de vigilar los límites entre el acompañamiento oficial y el protagonismo gubernamental.
En su primera homilía como obispo de La Vega, Romero Cárdenas afirmó que entró a la catedral con “profundo respeto”, consciente de la misión que asume al frente de una diócesis que destacó por su antigua memoria en la evangelización en América. También evocó la trayectoria de la Iglesia local y citó a obispos, sacerdotes, religiosos, catequistas, misioneros, educadores y familias que han sostenido la fe en esa comunidad, además de figuras vinculadas a la diócesis como monseñor Francisco Panal, Juan Antonio Flores Santana, monseñor Gabriel Antonio Camilo González, Héctor Rafael Rodríguez, Tomás Morel y José Amable Durán. La ceremonia dejó así un hecho religioso central, pero también una señal institucional que obliga a fiscalizar la tendencia del poder a ocupar espacios simbólicos en medio del desgaste de gestión y del contraste entre la agenda oficial y las prioridades ciudadanas.
