El feminicidio de Nancy Sánchez Gálvez de Vallejo en el hospital Darío Contreras volvió a colocar en primer plano una alerta recurrente: el temor que, según su familia, rodeaba a la víctima antes del ataque. Teodora Sánchez aseguró que su hija era acosada por la vigilancia constante de Tony Vallejo Méndez, un elemento que ahora obliga a mirar no solo el hecho violento, sino también las señales previas que pudieron haber sido atendidas.
De acuerdo con la información disponible, la balacera dejó además a Marilenny Cuello ingresada en la unidad de cuidados intensivos, con pronóstico reservado. Ese dato amplía la gravedad del caso y confirma que no se trató de un episodio aislado, sino de un ataque con consecuencias múltiples para las víctimas y sus familias.
El caso pone sobre la mesa la necesidad de revisar qué mecanismos de prevención, seguimiento y respuesta fallaron o no llegaron a tiempo. Cuando una familia denuncia miedo constante y vigilancia previa, la discusión pública no puede limitarse al desenlace criminal: también debe centrarse en la protección efectiva, la respuesta institucional y la capacidad de detectar a tiempo los riesgos de violencia letal contra las mujeres.
La tragedia en el Darío Contreras deja así una pregunta de fondo sobre la eficacia de la prevención y el alcance real de las alertas que, según la madre de la víctima, ya existían antes del feminicidio.
