La salida anunciada por el Gobierno para enfrentar la crisis vuelve a poner sobre la mesa una inquietud que se repite: quién acabará asumiendo el costo. El paquete contempla iniciativas para agilizar las operaciones de las pequeñas empresas y reforzar la recaudación fiscal, pero la discusión de fondo sigue abierta: si se trata de una respuesta de fondo o de medidas transitorias que, como en otras ocasiones, terminan cargando el peso sobre la población.
Ese antecedente acompaña cualquier ajuste. Cada vez que se anuncian acciones para fortalecer las finanzas públicas o proteger la estabilidad económica, los consumidores dominicanos quedan expuestos a mayores precios, nuevas cargas tributarias o aumentos en las tarifas de servicios esenciales. Por eso, las decisiones del Gobierno no pueden medirse solo por su propósito declarado, sino por el efecto que realmente produzcan en los hogares.
A esa advertencia se suma un problema de gestión que distintos sectores han venido señalando durante años: debilidades en la administración tributaria, altos niveles de evasión y elusión fiscal, y otras fallas que siguen sin resolverse de manera estructural. En ese escenario, la discusión no es únicamente técnica. También implica una exigencia de rendición de cuentas sobre si la respuesta oficial corrige las grietas del sistema o vuelve a descargar el peso de la crisis sobre los ciudadanos.
