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Santo Domingo evidencia el costo de una gestión urbana rezagada

junio 7, 2026 · Redactor
Santo Domingo evidencia el costo de una gestión urbana rezagada
Foto: acento.com.do

La presión sobre el tránsito, los servicios y la vivienda refleja el costo social de un modelo que sigue concentrando oportunidades en la capital y Santiago, mientras las provincias permanecen rezagadas.

El avance de Santo Domingo dejó de ser únicamente una señal de expansión urbana para convertirse en una muestra de falla estructural de gestión y planificación. Por décadas, miles de dominicanos se han trasladado desde provincias y municipios hacia la capital en busca de empleo, educación y mejores condiciones de vida, pero el panorama que hoy se observa es el de una ciudad sometida a sobrepoblación, congestionamiento y desorden urbano, con transporte público insuficiente, servicios básicos bajo presión y sectores marcados por arrabalización y deterioro social.

Las cifras citadas en el texto retratan la dimensión del desequilibrio. De acuerdo con estimaciones de la Oficina Nacional de Estadística, más del 30 % de la población dominicana se concentra entre el Gran Santo Domingo y el Distrito Nacional. A esa presión se añade una economía informal que continúa teniendo un peso decisivo: aunque el Banco Central informó que al cierre de 2024 el país superó los 5,1 millones de ocupados y redujo ligeramente la informalidad laboral, todavía cerca del 55 % de los trabajadores permanece en empleos informales, sin estabilidad ni protección social. En la capital, esa realidad se traduce en tapones interminables, presión sobre hospitales y escuelas, escasez de viviendas dignas y una expansión de actividades de baja productividad.

Lo descrito también vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de fiscalización de las prioridades públicas. Si la mayor parte de las oportunidades laborales, empresariales y de inversión sigue concentrada en Santo Domingo y Santiago, mientras numerosas provincias permanecen económicamente estancadas, el problema ya no puede verse solo como migración interna, sino como una señal de desequilibrio territorial sin corregir y de resultados insuficientes frente a una crisis que impacta de forma directa la vida cotidiana de la población.