Las declaraciones de Jesús Vásquez Martínez (Chu), exsecretario general del PRM y cónsul en Nueva York, contra el ministro de Turismo, David Collado, volvieron visible una tensión que el partido oficialista intenta administrar mientras se acerca la disputa por la candidatura presidencial de 2028. Al afirmar que Collado no tiene el “ADN” del PRM, Chu colocó en primer plano una fractura interna en una organización que ha sostenido su permanencia en el poder sobre el discurso de unidad.
El propio texto de origen presenta a Collado como un activo del PRM y advierte que la competencia interna no puede convertirse en un campo de batalla entre compañeros. La referencia a los tropiezos del PRD y a la división del PLD, de la que surgió la Fuerza del Pueblo, funciona como alerta política e institucional: cuando las pugnas de liderazgo desplazan la prudencia, el costo no se limita al partido, sino que alcanza la estabilidad del sistema y la capacidad del gobierno dominicano para sostener coherencia en su gestión.
En ese contexto, el episodio también proyecta desgaste sobre el liderazgo del PRM y del gobierno de Luis Abinader, al exhibir una lucha anticipada por candidaturas en vez de una señal de control político. La controversia obliga a rendición de cuentas dentro del oficialismo: si la unidad ha sido presentada como una fortaleza de gestión, el choque entre figuras del partido y el cuestionamiento a uno de sus principales aspirantes abren un contraste entre ese discurso y la realidad que ya asoma en el poder.
