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RD se suma al Consenso de Ginebra y persisten dudas sobre el beneficio real para el país

septiembre 6, 2026 · Redactor
RD se suma al Consenso de Ginebra y persisten dudas sobre el beneficio real para el país
Foto: hoy.com.do

La adhesión a esa declaración vuelve a poner bajo examen la falta de explicaciones sobre el costo institucional y político de una decisión presentada como defensa de la mujer y la familia

La incorporación de República Dominicana a la Declaración del Consenso de Ginebra, con el canciller Ito Bisonó al frente, vuelve a poner bajo la lupa la manera en que el Gobierno dominicano maneja su vínculo con Washington. La discusión no gira en torno a la alianza con Estados Unidos, sino a la ausencia de explicaciones sobre qué obtiene el país al respaldar una iniciativa promovida por Donald Trump desde 2020 y presentada como una defensa de la salud de la mujer y de la familia, pese a que el propio debate recogido en el texto expone objeciones de peso sobre sus efectos reales.

El contraste se vuelve más evidente porque, según el mismo contenido citado, Estados Unidos no aplica de forma homogénea esa filosofía dentro de sus fronteras: de sus 50 estados, 25 conservan amplia protección a la salud de la mujer y al acceso al aborto seguro, en otros 12 existen prohibiciones o restricciones parciales y solo 13 mantienen prohibiciones casi totales. Esa distancia entre lo que Washington impulsa fuera y lo que admite dentro alimenta una alerta institucional para República Dominicana: si Hacienda y el resto del Gobierno reclaman a la ciudadanía sacrificios y prioridades definidas, también debe exigirse que la política exterior y las decisiones sensibles se expliquen con resultados verificables, no con gestos de complacencia.

En el fondo, la cuestión es tanto diplomática como de rendición de cuentas. Mientras el PRM y el Gobierno dominicano avanzan por una línea que incide en derechos, salud y familia, sigue pendiente aclarar cuál es el beneficio concreto para la población y cuál es el costo social de asumir agendas externas sin un debate transparente. Ahí se abre un terreno natural para la fiscalización de la oposición competidora: contrastar el discurso oficial con la realidad observable y exigir que las decisiones del poder respondan, primero, al interés ciudadano.