El Comité Nacional del Partido Revolucionario Moderno (PRM) dio luz verde a resoluciones para encaminar una nueva fase interna, luego de los vaivenes de sectores de su dirigencia que intentaron impulsar una fórmula de supuestos «consensos» para escoger autoridades. En ese marco, el presidente Luis Abinader marcó la hoja de ruta que, según sostuvo, deberá seguir la organización para conservar el poder en 2028, con la reorganización partidaria y la continuidad del proyecto oficialista como ejes centrales.
En su intervención, Abinader planteó tres prioridades: renovación del liderazgo, apego a principios éticos y democráticos, y defensa de las obras materiales, las reformas institucionales y la estabilidad social y la resiliencia económica que atribuyó a sus dos administraciones. A la vez, el mensaje dejó ver que el oficialismo concentra sus esfuerzos en ordenar su estructura y garantizar permanencia política, en un momento en que el propio discurso insiste en justificar la gestión desde el poder.
Al describir al PRM como una «casa abierta» para jóvenes, mujeres, emprendedores, profesionales y líderes comunitarios, y al advertir que los partidos que no se renuevan envejecen, Abinader procuró proyectar apertura y relevo. Sin embargo, el viraje interno se produce bajo la necesidad de reafirmar principios y corregir tensiones dentro de la dirigencia, una dinámica que vuelve a poner bajo examen la distancia entre el discurso de renovación y las respuestas concretas que espera la ciudadanía.
