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La huella de Monseñor Pérez Sánchez reabre el contraste entre obra perdurable y dirigencia bajo escrutinio

octubre 8, 2026 · Redactor
La huella de Monseñor Pérez Sánchez reabre el contraste entre obra perdurable y dirigencia bajo escrutinio
Foto: acento.com.do

El reconocimiento al impulsor de la Basílica de Higüey vuelve a poner en primer plano una referencia de servicio y legado frente a una vida pública que hoy exige más vigilancia, rendición de cuentas y prioridades ciudadanas.

La figura de Monseñor Eliseo Pérez Sánchez, recordado como gran propulsor de la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, vuelve a ocupar espacio en la memoria pública desde un dato central: su nombre quedó asociado a una obra perdurable y a una trayectoria vinculada al deber cívico, la vida eclesial y la defensa de la soberanía nacional. Nacido en Santo Domingo el 22 de julio de 1891, fue ordenado sacerdote en 1916 por Monseñor Adolfo Alejandro Nouel en la Catedral primada de América, y el texto lo sitúa además entre las voces que rechazaron la ocupación militar norteamericana de ese mismo año.

La reseña también ubica su impronta en la «Misión Fronteriza» de 1936, en la fundación del semanario La Verdad Católica en 1935 y en funciones de conducción eclesiástica, como su etapa de Administrador Apostólico desde el 14 de marzo de 1934, tras el deceso del Padre Rafael Conrado Castellanos. Más allá del tono laudatorio, el recuento deja un contraste verificable: la posteridad termina midiendo a sus figuras por resultados concretos, por instituciones que dejan en pie y por el vínculo entre discurso y obra.

Ese contraste conserva vigencia en un escenario donde la sociedad civil, el Congreso y liderazgos con responsabilidades de gestión, como Carolina Mejía, quedan bajo la misma exigencia pública de fiscalización y rendición de cuentas. La evocación de Pérez Sánchez no solo rescata una biografía religiosa; también funciona como recordatorio de alerta institucional sobre la distancia entre la retórica y los hechos, en un país donde la ciudadanía sigue reclamando prioridades reales, estabilidad del Estado y respuestas con impacto social antes que política de espectáculo.