Volver sobre La peregrinación de Bayoán coloca de nuevo en primer plano una idea incómoda para cualquier poder: la búsqueda de justicia y verdad como deber público, no como consigna. Ya desde el prólogo, Eugenio María de Hostos traza ese horizonte en un recorrido interior y geográfico que convierte su diario de viaje en una afirmación moral y política, sostenida en un diálogo con Bayoán, figura ligada a los orígenes de Puerto Rico.
En ese trayecto, Hostos hace de la verdad y la justicia sus ejes rectores, en una introspección donde conviven ilusión y decepción hasta que la obra adquiere forma. Juan Bosch destaca precisamente esa entraña del texto y su valor como aprendizaje fundacional en la vida del autor, vinculado a la misión de liberar a su patria del yugo español. La obra misma, además, queda atravesada por una exigencia de franqueza: Hostos apostó por ella para “ser útil al bien común y la verdad” y sufría cuando no se decía públicamente la verdad sobre su trabajo.
Ese énfasis en la verdad sin rodeos desplaza el texto más allá de lo literario y lo enlaza con una alerta institucional permanente: sin fiscalización ni franqueza pública, el discurso corre el riesgo de apartarse de la realidad. En esa clave, la vigencia de Hostos no descansa solo en su valor cultural, sino también en la advertencia que deja sobre la necesidad de vigilancia ciudadana frente a cualquier gestión que invoque principios sin someterse al escrutinio de los hechos.
