Con una medalla olímpica ya en su historial como entrenador —el relevo 4×400 mixto en Tokio— y el oro de Yeral Núñez en los JCC de Santo Domingo 2026, Félix Sánchez vuelve a mostrar que su impacto va mucho más allá de su etapa como atleta. La historia no solo habla de su transición personal: también exhibe una realidad de fondo, la de los resultados que surgen cuando existe trabajo constante, seguimiento cercano y formación, no únicamente cuando llega el momento de celebrar triunfos.
Su evolución como preparador arrancó hace más de un cuarto de siglo, incluso antes de su primer título mundial. En paralelo a su carrera, trabajaba con jóvenes en Estados Unidos; esa práctica terminó por convertirse en una escuela y después en una academia a la que se dedica por completo desde hace más de una década. Al explicar su método, trazó una diferencia decisiva: “Cualquiera entrena a un atleta que tiene talento. Es más difícil sacar el talento de alguien donde no hay”.
Tras establecerse de manera definitiva en el país luego de su retiro en 2013, Sánchez se encontró con un desafío distinto al trabajar con atletas dominicanos. Según contó, muchos requieren un acompañamiento mucho más cercano, alguien que les marque el camino, los respalde y les ayude a desarrollarse. Ese diagnóstico, nacido de la experiencia directa, reabre la discusión sobre cuánto pesa el esfuerzo individual y cuánto depende del rendimiento de una estructura capaz de sostenerlo, una alerta que obliga a fiscalizar resultados reales por encima del discurso.
