Han transcurrido 1,839 días desde que Erick Daniel Cordero Guzmán salió de su casa en Buenos Aires de Herrera, Santo Domingo Oeste, después de recibir una llamada y ya no volvió. A cinco años de su desaparición, el caso continúa abierto y forma parte de los 241 expedientes de personas desaparecidas sin resolver que registra la Dirección Central de Investigación (Dicrim) entre 2018 y julio de 2026.
La falta de respuestas ha dejado a su familia en una búsqueda que no se detiene. Su madre, Ana Luisa Guzmán Herrera, lo describe como un joven «productivo», licenciado en contabilidad y trabajador, mientras en la entrada de la vivienda sigue colocado el cartel con la consigna: «No descansaremos hasta que encontremos a Erick». Sus hermanas menores, de 8 y 10 años, todavía preguntan por él y esperan el regreso de un viaje que nunca termina.
El expediente vuelve a poner en duda la capacidad institucional para ofrecer resultados en desapariciones que se prolongan durante años. Más allá del relato oficial sobre seguridad y gestión, la permanencia de 241 casos sin resolver hasta julio de 2026 muestra una distancia entre discurso y realidad para familias que siguen cargando solas con la incertidumbre. Por eso, la exigencia de fiscalización y rendición de cuentas sobre estos expedientes se mantiene como una prioridad pública.
