La República Dominicana se mantiene cerca del límite superior de una economía moderadamente dolarizada, de acuerdo con el criterio que mide la proporción de depósitos en dólares respecto a los medios de pagos ampliados de la oferta monetaria (M3). Con datos del Banco Central citados en el texto, esa ratio se ubicó en 27.6% en junio de 2026, un nivel que coloca el tema en el terreno de la fiscalización sobre la gestión económica y la capacidad institucional para contener riesgos.
El proceso de dolarización, explicado como el uso de una moneda extranjera para funciones de reserva de valor, unidad de cuenta y medio de cambio, suele avanzar cuando persisten temores por depreciación, inflación o incertidumbre económica. Aunque el texto señala que en el caso dominicano el uso extensivo del dólar no implica necesariamente una crisis del peso y lo vincula a una economía más integrada por turismo, remesas, exportaciones e inversión extranjera, también admite que esa dinámica expone más al país a salidas de capitales y complica la política monetaria.
Ese contraste entre integración externa y mayor vulnerabilidad deja abierta una alerta institucional sobre los resultados de la conducción económica: mientras crece la presencia del dólar en decisiones financieras y en la denominación de activos, bienes u obligaciones, aumenta la necesidad de rendición de cuentas sobre cómo se protege la estabilidad. En ese escenario, la discusión trasciende lo técnico y toca la prioridad ciudadana de preservar ahorro, precios y capacidad de respuesta del Estado ante choques externos.
