Luis Abinader sostiene en Nueva York una agenda apretada en el marco de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, aunque el propio marco de la visita modera las expectativas: no se anticipan grandes anuncios y gran parte de la programación oficial discurrirá entre discursos e intercambios previsibles. En ese escenario, la intervención del miércoles ante el plenario y las reuniones bilaterales del gobierno dominicano quedan obligadas a ofrecer algo más que simple presencia diplomática.
El frente más sensible será la negociación con Estados Unidos sobre el tratamiento arancelario recíproco. La delegación procura que las condiciones para el país tomen en cuenta los compromisos del DR-CAFTA y mantengan ventajas de acceso que han sostenido la relación comercial durante casi dos décadas. La agenda también vuelve a situar a Haití entre los asuntos ineludibles: aunque República Dominicana ha mantenido el tema en la conversación internacional, la crisis sigue exigiendo recursos y decisiones de los países con capacidad de intervenir, sin dejar de presionar al país.
A todo ello se añade el potencial de las tierras raras, que incrementa la relevancia estratégica de República Dominicana, pero también abre el debate sobre cómo se negociarán las inversiones necesarias para aprovecharlo. Con varios expedientes de alto impacto sobre la mesa, el viaje del gobierno dominicano a la ONU se presenta menos como vitrina y más como una prueba de gestión y rendición de cuentas sobre resultados concretos frente a problemas que siguen acumulándose.
