El proyecto de presupuesto para 2027 fue depositado por Hacienda en un entorno que el propio Gobierno admite como complicado: tasas de interés más elevadas en Estados Unidos, aranceles, aumentos del petróleo y mayores costos asociados a la guerra en Medio Oriente. Pese a que el ministro Magín Díaz afirmó que hay que mantener un ánimo “cautelosamente optimista” y defendió la solidez macroeconómica, la propuesta llega al Congreso con más necesidad de préstamos y con nuevas dudas sobre la capacidad oficial para sostener el gasto sin sumar más presión al país.
José Rijo Presbot, director de Presupuesto, estimó ingresos por RD$1 billón 510 mil millones y gastos por RD$1 billón 837 mil millones, lo que deja un déficit de 3.4% del PIB. No obstante, al sumar vencimientos de deuda por RD$198 mil millones, el faltante se eleva a 5.5%, con RD$526 mil millones por cubrir. Ese panorama alimenta la advertencia de la oposición, que sospecha del aumento de los gastos corrientes y de capital por tratarse de un año preelectoral, y vuelve central la demanda de fiscalizar prioridades, endeudamiento y uso de los recursos públicos.
El Gobierno insiste en que tiene margen para resistir gracias a la caída de la inflación a cerca de 5%, el repunte de remesas, exportaciones y turismo, la estabilidad financiera, una deuda relativamente controlada y reservas por 15 mil millones de dólares. Aun así, el contraste entre ese relato de fortaleza y la admisión de que habrá que buscar financiamiento externo en un entorno sin dinero barato mantiene abierto un debate político e institucional en el Congreso: cuánto costará sostener este presupuesto, qué margen real tiene Hacienda y quién terminará cargando con el peso de una “terrible trampa” marcada por más deuda e incertidumbre.
