La guerra en Ucrania volvió este lunes al centro de la discusión internacional con un mensaje doble que refuerza la presión sobre las respuestas de poder. Por un lado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidió poner fin a un conflicto que describió como “absurdo” y “sin fin”; por otro, Francia advirtió que la guerra híbrida atribuida a Rusia ya se expresa en varios puntos de Europa. La tensión entre las salidas políticas que se invocan y la extensión de nuevas amenazas mantiene la alerta sobre un escenario que continúa desbordando el frente militar.
Desde sus redes sociales, Trump afirmó que la prolongación de la guerra tiene efectos globales y aseguró que Rusia ha perdido el control de parte de su industria del diésel a causa del conflicto. “Rusia, desafortunadamente, ha perdido el control de su industria del diésel debido a la guerra en Ucrania. Un gran número de refinerías de diésel han sido destruidas y están, al menos temporalmente, fuera de servicio”, expresó. En el mismo mensaje insistió en que “esta guerra debe llegar a su fin” y advirtió que “el mundo entero sufre” mientras, según dijo, 25.000 personas mueren cada mes, en su mayoría militares.
En contraste, el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, sostuvo en BFMTV que la guerra híbrida atribuida a Rusia no es una construcción política ni propagandística, sino una amenaza respaldada por los servicios de Inteligencia europeos. Como referencia, mencionó los incidentes relacionados con drones detectados en distintos aeropuertos europeos. La secuencia deja al descubierto la distancia entre el discurso de una salida negociada y la realidad de un conflicto que sigue abriendo frentes, elevando costos y exigiendo fiscalización permanente de las decisiones que se toman en torno a su manejo internacional.
