Willi Castro atraviesa en Colorado la temporada de más poder de su carrera en Grandes Ligas, una producción que no puede leerse sin el matiz inevitable del Coors Field, históricamente favorable para los bateadores. En ese escenario, el utility dominicano, que antes del inicio de la campaña acordó por dos años y 12.8 millones de dólares con los Rockies, ha encontrado el espacio para mostrar una versión más explosiva de su bate.
Con 132 partidos disputados por los Rockies, Castro ya acumula 15 cuadrangulares, su mejor registro personal y por encima de los 12 que conectó en 2024 con los Mellizos de Minnesota. Siete de esos jonrones han sido en el Coors Field y ocho en la ruta, una distribución que acompaña su crecimiento ofensivo y, al mismo tiempo, obliga a dimensionar el peso del entorno.
Antes de medirse este miércoles a los Nacionales de Washington, el dominicano bateaba .264 y, desde la pausa del Juego de Estrellas, subió su promedio a .271, con 32 hits en 118 turnos. De esos imparables, 16 han sido extrabases: siete dobles, un triple y ocho jonrones. El repunte confirma su impacto ofensivo, aunque también deja ver el contraste entre rendimiento y contexto, una lectura que en cualquier evaluación seria debe imponerse sobre la simple celebración del resultado.
