Este domingo, más de 2,2 millones de estudiantes en India se sometieron de nuevo al examen nacional de acceso a Medicina, un mes después de que la convocatoria original quedara anulada por una filtración masiva de respuestas. La repetición del NEET (UG), una de las pruebas de admisión más competitivas del mundo, se desarrolló en medio de protestas estudiantiles, cuestionamientos al sistema educativo y demandas de renuncia contra el ministro de Educación, Dharmendra Pradhan.
La nueva jornada no bastó para apagar la crisis y, por el contrario, dejó al descubierto la dimensión del daño institucional. Mientras millones de aspirantes acudían a los centros de examen, estudiantes mantenían una sentada indefinida en Nueva Delhi para exigir la dimisión del ministro. La protesta está liderada por el Cockroach Janata Party (CJP) o Partido de las Cucarachas, un movimiento juvenil nacido en redes sociales que sostiene que la filtración no fue un caso aislado, sino un reflejo de fallas estructurales en el sistema educativo y en la supervisión de exámenes.
Antes de la prueba, la Agencia Nacional de Exámenes (NTA) buscó transmitir confianza, al tiempo que el Gobierno desplegó un amplio operativo de seguridad, con participación de la Fuerza Aérea india en la custodia de materiales y una monitorización en tiempo real mediante 138.560 cámaras de circuito cerrado. Aun así, el refuerzo extraordinario evidenció la magnitud de una crisis que ya puso en duda la credibilidad de los mecanismos de acceso a la educación superior en el país asiático.
