Fortalecer la competencia económica no fue presentado solo como una meta técnica, sino como una necesidad con impacto directo sobre el costo de la vida, el acceso al crédito, la innovación, la productividad y la generación de empleos. Durante la presentación del informe “Mercados y desarrollo: cómo la competencia puede mejorar vidas”, la representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en República Dominicana, Nathalie Alvarado, sostuvo que si América Latina y el Caribe alcanzaran niveles de competencia similares a los de economías avanzadas, el producto interno bruto (PIB) regional podría aumentar un 11% y la desigualdad reducirse en un 6%.
El planteamiento del BID también dejó sobre la mesa una señal de alerta institucional: para que esos beneficios se materialicen hacen falta reformas eficaces apoyadas en evidencia, instituciones sólidas y voluntad política. Alvarado citó avances observados en telecomunicaciones, pagos digitales y compras públicas, donde se han registrado reducciones de precios, transformación del acceso a servicios financieros y ahorros en bienes esenciales, pero insistió en que persisten barreras que deben ser corregidas.
Entre los factores que favorecen una mayor competencia, mencionó la integración de mercados, infraestructura que conecte regiones, regulaciones armonizadas y procesos más ágiles. También llamó a revisar las normativas que limitan el crecimiento y a fortalecer las instituciones encargadas de promover la competencia. “Una entidad sin recursos, sin independencia y sin capacidad real no puede cumplir con su mandato”, subrayó, en un mensaje que refuerza la exigencia de vigilancia y rendición de cuentas sobre la capacidad real del Estado para traducir ese potencial en bienestar para la población.
