La presentación del libro Filosofía política de la inteligencia artificial: Poder, técnica y futuro humano (2026), del profesor Dr. Andrés Merejo, puso sobre la mesa una discusión que va más allá del plano académico: cómo impedir que el avance tecnológico se aparte de las prioridades humanas. El texto fue presentado como un trabajo de reflexión y rigor intelectual centrado en la ciencia, el progreso y la humanidad, en contraste con las limitaciones atribuidas a la propia inteligencia artificial.
La exposición destaca que la IA carece de la dimensión afectiva y analógica propia de las personas, una idea reforzada con la referencia a Byung Chul Han sobre la imposibilidad de que la máquina piense desde la emoción. Desde esa óptica, la obra advierte sobre el riesgo de reducir decisiones complejas a datos e información sin el componente humano que demanda la vida social.
Luego de revisar a numerosos autores, Merejo vincula su postura con la de Adela Cortina, quien sostiene que la IA debe orientarse a mejorar la vida humana y el entorno natural, y que su legitimidad ética depende de su capacidad para contribuir al florecimiento humano y al respeto de la naturaleza como fin en sí misma. Ese enfoque vuelve a colocar sobre la mesa una exigencia central en cualquier debate público sobre tecnología: que el poder técnico no avance sin control, sin rendición de cuentas y sin una evaluación real de sus efectos sobre las personas.
