La baja competencia en amplios sectores de América Latina y el Caribe sigue siendo un obstáculo estructural para el crecimiento, los salarios, la productividad y la reducción de la desigualdad, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su libro “Desarrollo en las Américas: Mercados y Desarrollo, cómo la competencia puede mejorar vidas”. El organismo advierte que la concentración empresarial, las barreras regulatorias y la debilidad institucional continúan limitando el potencial económico de millones de ciudadanos.
En economías como República Dominicana, el planteamiento adquiere especial peso, debido a los debates que persisten sobre costos financieros, telecomunicaciones, productividad, informalidad y estructura empresarial. El BID sostiene que el problema no está en un exceso de mercado, sino en mercados distorsionados, capturados o fragmentados, donde pocas empresas concentran poder suficiente para influir en precios, salarios y acceso a oportunidades.
Según el organismo, cuando predominan estructuras cerradas se encarecen bienes y servicios esenciales, se frena la creación de empleo de calidad y se debilita la movilidad empresarial. En cambio, los mercados más competitivos obligan a innovar, mejorar la calidad, reducir costos y ampliar oportunidades, un contraste que vuelve a poner bajo escrutinio la capacidad institucional para corregir distorsiones que terminan trasladando el costo a trabajadores y consumidores.
