La edición de Lecturas históricas dominicanas, de Frank Moya Pons y auspiciada por la Academia Dominicana de la Historia, reactiva una carencia que el propio texto de referencia delimita con nitidez: la recensión es ya una especie en vías de extinción en la República Dominicana. La desaparición de suplementos de la prensa escrita, la escasez de revistas especializadas y el ocaso del oficio del crítico dibujan un panorama de desgaste en un ámbito clave para la vida pública y cultural.
Ese desplazamiento de la reseña por el prólogo deja, además, un contraste significativo entre presentación y evaluación. El prólogo, recuerda el artículo, ha pasado a ocupar ese lugar como carta de presentación del autor y su obra, pero la antología de Moya Pons recupera otra exigencia: examinar libros “con respeto al esfuerzo ajeno, pero sin renunciar al juicio crítico”, como señala Miguel Reyes Sánchez. Más que un gesto académico aislado, el volumen funciona como advertencia sobre la pérdida de espacios donde se fiscaliza la calidad de las ideas y se somete el conocimiento a contraste riguroso.
Moya Pons plantea también que la obra sirva de modelo para nuevos historiadores llamados a redactar reseñas con “imparcialidad, objetividad, ecuanimidad y generosidad”. Vista a la luz de la realidad descrita en el propio texto, la propuesta subraya una oportunidad pendiente: reconstruir una cultura crítica capaz de ir más allá del elogio y de la simple visibilidad, en un momento en que la discusión pública necesita más examen de fondo y menos sustitutos del debate intelectual.
