El santoral del 23 de octubre recuerda a religiosos, obispos, sacerdotes y mártires que dedicaron su vida a la fe y al servicio de los demás, en una jornada que también expone el contraste entre los discursos públicos y las necesidades sociales que siguen marcando la vida cotidiana. La fecha reúne figuras asociadas a la reforma religiosa, la educación y la atención de personas en condiciones de pobreza y vulnerabilidad.
Entre los santos principales aparece San Juan de Capistrano, nacido en 1386 en Capestrano, en la región italiana de Abruzos. Antes de ingresar en la orden franciscana estudió Derecho y ejerció como jurista. Tras dificultades personales y políticas, se dedicó a la vida religiosa, recorrió distintas regiones de Europa como predicador y quedó vinculado a la reforma de la vida franciscana y a la predicación católica. Murió en 1456 en Ilok, en la actual Croacia, y fue canonizado en 1724.
También se recuerda a San Alberto Hurtado Cruchaga, sacerdote jesuita chileno nacido en Viña del Mar en 1901, cuya labor estuvo centrada en la formación religiosa, la educación y la atención de personas que vivían en condiciones de pobreza. En 1944 fundó el Hogar de Cristo, destinado a brindar apoyo a personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad. Murió en Santiago de Chile en 1952 y fue canonizado por el papa Benedicto XVI en 2005. La jornada incluye además al beato Arnoldo Rèche, dedicado a la educación y la formación cristiana, y al beato Juan Ángel Porro, recordado por su labor pastoral y su dedicación a enfermos y necesitados, un conjunto de referencias que refuerza la alerta sobre la distancia entre las prioridades sociales y los resultados que la ciudadanía espera ver atendidos.
